“En el año 300x, la Tierra entera cayó bajo la dominación del abominable Imperio Margarita. Con el fin de afianzar su diabólico poder, el emperador (Bola de Billar IV) creó un ejército de “Cazadores de pelo”, a los cuales ordenó dejar calvos a todos los asustados habitantes del planeta. Sin embargo, hubo un valiente dispuesto a hacerles frente y rebelarse contra el Imperio hasta restablecer la libertad capilar”. Esta es la premisa de la que parte una serie tan poco convencional como divertida… Bobobo.
Sin lugar a dudas, este anime es el que más descolocado me ha dejado en la vida. Cuando lo encontré en televisión, por casualidad, no pude despegarme de la pantalla hasta que el episodio terminó. Lo que estaba viendo no tenía ningún sentido… pero me encantaba.
Bobobo es una serie sin pies ni cabeza, tan absurda que su primer capítulo empieza con un “En el episodio anterior…”. Es irracional, sí, pero precisamente ahí reside su encanto. Por este motivo, es probable que tire para atrás a más de una persona. Otro punto a favor de este anime son las numerosas referencias frikis que tiene.
A pesar de todo esto, Bobobo es un shōnen y, como serie de peleas que es, hay técnicas poderosísimas (a la par que absurdas). En este tipo de series, los ataques más mortíferos se ejecutan tras la pertinente presentación. Acostumbrado como estaba al mítico “dame tu fuerza, Pegaso” o al terrible “Amakakeru Ryu no Hirameki” de Kenshin, el grito de guerra de Bobobo me dejó a cuadros. Y es que no es otro que “¡por el poder del cabello nasal!”, ya que el protagonista está especializado en el combate nasal.
Técnicas con nombres ridículos (“José Luis, el cuervo viajero” es un buen ejemplo), combates solucionados de un modo inesperado y, por qué no decirlo, cutre, incoherencias por doquier, personajes que rozan el mal gusto… Todo esto hace de Bobobo la serie con la que más me he reído jamás.
Los personajes merecen un párrafo aparte. Bobobo, el “liberta cabelleras”, va consiguiendo aliados, a cada cual más extravagante. Heppokomaru, especializado en los “ataques ventoseros”, y cuyo collar le protege de una terrible maldición. Tokoro Tennosuke, una especie de gelatina o tofu azul, cuyo pasado es devastador (como veremos en uno de los numerosos e irrelevantes flashbacks de la serie). Softón, cuya cabeza puede ser un delicioso helado de fresa… o una delic… una mierda como las de Dr. Slump. En la propia serie hacen ver que tiene un aspecto ambiguo. El intrigante Destapeman, acompañado siempre por potentes focos que, misteriosamente, surgen en puntos estratégicos es otro ejemplo. Y luego está Pickle, el encurtido. Estos personajes son sólo algunos de los muchos que hay en Bobobo. Y todos están desequilibrados. Quizá Beauty sea la única que mantiene la cordura… pero sólo quizá.
La serie la vi doblada en castellano, cuando la emitía Cartoon Network. El doblaje era muy extraño, pero perfecto para esta serie. No sé si el original será superior, pero me cuesta creerlo.
El anime está basado en el manga homónimo de Yoshio Sawai, aunque su nombre real es Bobobō-bo Bō-bobo, y está formado por 76 episodios. Terminó de un modo repentino, sin llegar al final del manga, debido a su cancelación. Dicha cancelación se debió, parece ser, a las protestas de asociaciones japonesas de padres y profesores, a causa de su violencia y de no saber transmitir valores. ¿Que es violenta? La mayoría son más violentas y no ocurre nada. ¿Que no transmite valores? Por supuesto que no, pero ¿todas las series han de hacerlo? Si los padres controlasen lo que sus hijos ven, no se tendría que recurrir a drásticas decisiones como cancelar una serie, videojuego, etc. Pero bueno, este es otro tema, del que hablaré algún día, ya que me molesta bastante.
Pero no todo son elogios para Bobobo. Me sucede una cosa rarísima. Adoro el anime… pero no puedo con el manga. Cuando Planeta deAgostini lo editó en España (a un precio considerablemente más bajo de lo que nos tienen acostumbrados las editoriales, incluída Planeta) me compré los cinco primeros números y me llevé una pequeña decepción. El anime es exactamente igual que el manga, al menos hasta donde leí, pero le falta algo, no sabría decir qué. Quizá el motivo sea que la serie tiene un ritmo tan alocado que se pierde en el papel. Aun así, como me da mucha rabia, es una de esas cosas que tengo pendientes para cuando sea multimillonario (con tener trabajo, me valdría) y me convierta en amo del mundo. Será pronto…
Bye-bee!



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